sábado, 14 de abril de 2012


INFANCIA

Cuando se vio convertido en un hombre, observando el reflejo de su rostro ensangrentado, machado con el sufrimiento de miles y adornado con el pecado, se busco a sí mismo, el de antes, el de ya hace mucho tiempo, para decirse:

-mira, esto también lo he logrado-

y se pregunto:

- ¿ qué piensas ahora de mi, de ti, de nosotros ? -

EL ALQUIMISTA

Prologo

Paulo Coelho

El Alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído. El volumen no tenía tapas, pero consiguió identificar a su autor: Oscar Wilde. Mientras hojeaba sus páginas encontró una historia sobre Narciso.

El Alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago.

Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.

Pero no era así como Oscar Wilde acababa la historia.

Él decía que, cuando Narciso murió, llegaron las Oréades -diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.

-¿Por qué lloras? -le preguntaron las Oréades.

-Lloro por Narciso -repuso el lago.

-¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! -prosiguieron ellas-.

Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.

-¿Pero Narciso era bello? -preguntó el lago.

-¿Quién si no tú podría saberlo? -respondieron, sorprendidas, las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.

El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:

-Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.

-Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza.

-¡Qué bella historia! -dijo el Alquimista.